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El Ayuntamiento de Jerez ha dado un paso clave en su estrategia de revitalización del centro histórico con la formalización de la venta forzosa de la finca ubicada en el número 11 de la calle Cazón, una antigua bodega del siglo XVIII en estado de abandono que será transformada en un nuevo conjunto residencial. La delegada de Urbanismo y Vivienda, Belén de la Cuadra, ha firmado el acta de ocupación y pago con la empresa adjudicataria, AYP Servicios Integrales de Formación S.L., que invertirá en la construcción de 44 nuevas viviendas en pleno corazón del barrio de San Miguel.

La operación se ha materializado por un importe de 420.000 euros, tras la sustitución de los anteriores propietarios por incumplimiento de sus deberes urbanísticos. El inmueble, con una superficie de casi 2.000 metros cuadrados, pasará a tener un uso residencial tras décadas de deterioro y abandono.

Belén de la Cuadra ha agradecido al gerente de la empresa, Carlos Bernal, su apuesta por “invertir en un barrio emblemático como San Miguel y contribuir a la recuperación de una finca de gran valor arquitectónico y patrimonial”. La delegada ha subrayado que este proyecto no solo amplía el parque de viviendas del centro histórico, sino que se alinea con uno de los principales objetivos del Gobierno local: generar las condiciones necesarias para atraer nuevos residentes permanentes al casco antiguo.

Además del impacto en el mercado de la vivienda, la actuación tendrá un importante efecto en el entorno urbano. “Permitirá eliminar una zona degradada y con riesgo de insalubridad en pleno centro de Jerez, así como recuperar elementos dañados como el patio interior o la zona de cubiertas”, ha señalado De la Cuadra.

El expediente municipal describe el inmueble como una antigua bodega-granero del siglo XVIII, catalogada como de interés genérico dentro del conjunto histórico-artístico de la ciudad. Se trata de una construcción de gran valor histórico que abarca los antiguos números 9 y 11 de la calle Cazón, vinculada al cercano Palacio de Villapanés, al que pertenecía originalmente. El edificio, de gran escala y complejidad estructural, albergaba tanto funciones de almacenamiento de grano como de crianza de vino, propias de la pujante actividad vitivinícola de la época.

La intervención proyectada supone un nuevo avance en la recuperación del patrimonio histórico jerezano desde una perspectiva funcional y habitacional, consolidando una política urbanística que apuesta por conjugar la conservación con el desarrollo sostenible del centro urbano.

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