El Ballet de Kiev llega hoy al Teatro Villamarta de Jerez de la Frontera para ofrecer una de las joyas más emblemáticas del repertorio clásico: La Bella Durmiente, la obra inmortal de Piotr Ilich Tchaikovsky con coreografía original de Marius Petipa, que ha cautivado a generaciones de amantes de la danza en todo el mundo.
Basada en el célebre cuento de Charles Perrault y en la versión de los hermanos Grimm, esta producción revive la historia de la princesa Aurora con una puesta en escena fiel a la esencia del ballet clásico. El montaje, estructurado en tres actos y un prólogo, despliega un espectáculo lleno de color, virtuosismo y precisión técnica, donde no faltan personajes icónicos del universo de Perrault como El Gato con Botas o Caperucita Roja.
La compañía ucraniana, en plena gira por España, presenta por primera vez en nuestro país esta versión, que combina la pureza del estilo académico con una riqueza visual deslumbrante gracias a su cuidada escenografía y su exquisito vestuario. El resultado es una experiencia sensorial que convierte cada representación en una auténtica celebración del arte del ballet.
El Ballet de Kiev se ha consolidado en los últimos años como una de las formaciones más destacadas de la danza europea. Fundada en 2017 por el prestigioso bailarín Viktor Ishchuk, solista del Teatro de la Ópera de Kiev, la compañía reúne a jóvenes talentos y primeras figuras de Ucrania, con el propósito de mostrar al mundo la excelencia técnica y artística de su escuela.
Aunque su reconocimiento en España es reciente, fue en 2022 cuando comenzaron sus giras nacionales, el público del Villamarta ya pudo disfrutar el pasado año de su aclamada versión de El lago de los cisnes. Su regreso con La Bella Durmiente reafirma su compromiso con los grandes títulos del repertorio clásico.
En su trayectoria, el Ballet de Kiev ha recorrido escenarios de Suiza, Alemania, Francia, Polonia, Croacia, China y Portugal, presentando títulos como Giselle, Don Quixote, Carmen, El Cascanueces o Sherezade. Con cada paso, la compañía ucraniana continúa demostrando que el lenguaje universal de la danza trasciende fronteras, conflictos y épocas.










